Argentina: Señales confusas

En Argentina los progresistas están de fiesta (todavía). Basta recorrer el diario de centroizquierda Pagina 12, desbordante de oficialismo desde hace varias semanas. Mientras tanto la izquierda mira con (prudente) desconfianza y la derecha prefiere callar.



Delegaciones piqueteras y de madres de desaparecidos fueron recibidas por el presidente. Fidel, Chávez y Lula estuvieron presentes en la asunción presidencial. Además se produjo una seguidilla de gestos asombrosos y contradictorios: barrida de la vieja cúpula de las Fuerzas Armadas (sin ninguna garantía que su reemplazo sea mejor), promesa de hacer lo mismo con la Corte Suprema, declaraciones marcando el fin de las relaciones carnales con Estados Unidos (seguidas por otras.. declaraciones pro-ALCA o anticubanas como las que acaba de hacer el Canciller Bielsa), y de no sometimiento a las corporaciones (sin que ello se traduzca en hechos concretos)…

Por otra parte no se vislumbra ni la menor objeción al poder económico consolidado por el menemismo y reconvertido durante el duhaldismo, nada de desprivatizar, ni de romper con la tutela del FMI (que se declara satisfecho en general por la marcha de la economía), ni de redistribuir ingresos en favor de los de abajo. Mas bien administración prolija del sistema: capitalismo serio, austero, previsible, etc.

Resulta sugestivo el título de primera plana de Clarín el domingo 8 de junio: “El gobierno reconoce la validez de los reclamos (tarifarios) de las privatizadas. Pero dice que debe encontrar un equilibrio con las dificultades que afrontan los usuarios”. Reconocimiento de la legitimidad del saqueo que desde hace una década realizan la empresas privatizadas, pero tentativa de suavizar su impacto sobre el pueblo.

En suma: la unidad nacional, la cuadratura del círculo, con progres de siempre, ex izquierdistas adaptados, conservadores lúcidos,(ex) menemistas, neoliberales- keynesianos (¿porque no?), peronistas de la primera hora (y de las otras horas también)…

¿Qué está pasando?, ¿cuánto durará el encanto?.

El contexto global

Los gestos independentistas del gobierno se explican en buena medida por el cambio en el panorama internacional, marcado por la declinación de la economía norteamericana, acosada por indicadores recesivos como la desocupación en ascenso, el achatamiento del consumo y la inversión, y lo más grave: la perspectiva de una huida mundial generalizada desde el dólar hacia monedas relativamente mas fuertes como el euro. Aunque no solo Estados Unidos está en crisis, Japón ve caer su Producto Bruto Interno y Alemania ronda el crecimiento cero, arrastrando al conjunto de la Unión Europea.

En ese contexto de recesión mundial se acentúan las disputas entre las grandes potencias económicas. Emerge una multipolaridad que no puede ahogar el militarismo norteamericano. Más aún, las bravuconadas imperiales de Estados Unidos terminan por demostrar su debilidad. En Iraq no pasa un día sin que se informe de alguna baja entre las tropas invasoras, en Afganistán se extiende la guerrilla. Los gastos militares agravan el déficit fiscal estadounidense que se aproxima a los 400 mil millones de dólares. Mientras tanto Rusia se acerca a la Unión Europea y a China, que sigue creciendo a tasas superiores al 7% anual.

El agotamiento imperial facilita tentativas periféricas como el proyecto de cooperación regional en Asia del Este integrando a los ex tigres y dragones, con China y probablemente India, y en América Latina el Mercosur impulsado por Brasil.

Nuestra burguesía local olfatea la enfermedad del amo norteamericano y se apresta a sobrevivir recomponiendo sus vínculos internacionales. Algo parecido había ocurrido en los años 30 con nuestra burguesía proinglesa, cuando retiró fichas de su anterior apuesta colonial y las fue reubicando en los nuevos casilleros emergentes de ese momento (Alemania, Estados Unidos, Italia… ). Pero el paralelismo debe detenerse allí, porque en esa época existía la posibilidad de acompañar la readecuación externa con una reconversión productiva (industrial) interna. Hoy la globalización financiera (expresada en la putrefacción integral del capitalismo argentino) ha bloqueado una perspectiva de ese tipo.

Ante un mundo con oportunidades comerciales cada vez mas restringidas, Brasil y Latinoamérica en general aparecen como tablas de salvación para las ventas externas argentinas. El amor por Lula que ahora expresan los políticos del sistema, desde Kirchner hasta López Murphy, refleja no solo la derechización económica del presidente brasileño (bienvenida por el FMI y los Estados Unidos), sino principalmente las necesidades de grandes y medianos grupos empresarios instalados en Argentina que sueñan con negocios en ese mercado.

No es que nuestra burguesía y sus políticos se hayan convertido al tercermundismo militante, sino que la región latinoamericana del Tercer Mundo les ofrece posibilidades de reproducción de beneficios que en otras latitudes se van esfumando.

Economía y cultura

¿Pero de que beneficios estamos hablando?, ¿de que tipo de negocios?. Esto nos lleva a una segunda explicación de los cambios en nuestro sistema de poder.

Argentina pasó del saqueo menemista a un nuevo esquema de explotación, el proceso fue realizado durante el 2002. El régimen de convertibilidad que rigió en los años 90 se fundó en la desnacionalización de empresas públicas, la transferencia masiva de fondos estatales a grupos financieros (por ejemplo las AFJP) y la apertura a las importaciones y los capitales externos especulativos. Dilapidó en pocos años el dinero de las privatizaciones y luego, cuando este se agotó (al igual que los narcoingresos y otras entradas gangsteriles de divisas) (1), se desató una vorágine de endeudamiento externo público y privado que se fue desacelerando hacia 1998. Entonces la economía entró en recesión y colapsó a fines del 2001.

El desastre financiero impulsó el hundimiento generalizado del mercado interno y la devaluación del peso que provocó una estampida de precios. Cayó el consumo, los salarios reales, pero también se produjo un achicamiento real del gasto público menor que el de los ingresos fiscales. Todo eso causó el derrumbe de las importaciones y generó superávit fiscal y del comercio exterior.

Quedó diseñada una economía con más de 20 millones de pobres y 10 millones de indigentes, y excedentes de divisas y de pesos en manos del estado. En el nuevo esquema los exportadores pasaron a ser el área clave, así como en el anterior lo eran los importadores y las privatizadas. El sector financiero, hegemónico en ambos casos, acompañó la reconversión del sistema concentrándose y orientándose hacia los negocios emergentes.

Los cerca de 16 mil millones de dólares del superávit comercial de 2002 fueron repartidos entre los pagos de deuda externa pública, el fortalecimiento de las reservas del Banco Central y los envíos de fondos al exterior por parte de privatizadas, bancos y grandes exportadores (en algunos casos un solo grupo cumple las tres funciones o dos de ellas).

En los 90 tuvimos una economía de saqueo donde el gobierno tiraba la casa por la ventana, los dólares eran baratos, el estado cubría su superdéficit autoprovocado con deudas, fluían los narcodólares, etc. Menem expresaba personalmente ese delirio, con su frivolidad e inescrupulosidad, su ínfimo nivel intelectual, su corte de corruptos notorios. A nivel global era la época alegre del neoliberalismo, de la timba financiera universal, de las relaciones carnales con el Imperio próspero.

La cultura farandulera se correspondió con una economía de despilfarro y remate del patrimonio nacional. Las clases superiores hacían ostentación de sus lujos, concentraban ingresos, y los pobres eran deslumbrados con el espectáculo. Peluqueros, modistos, genios del lifting, deportistas millonarios, eran los paradigmas de la elite. Los de abajo estábamos mal pero según los comunicadores íbamos bien y el futuro asomaba maravilloso.

Pero ahora nos encontramos en otra época, rige la economía de penuria, la mayoría de los argentinos son pobres, muchos de ellos indigentes. Se acabó la abundancia de inversiones y prestamos externos… y hace mucho tiempo concluyeron las grandes privatizaciones, además el amo imperial está gravemente enfermo. Ahora todo depende del saldo positivo del comercio exterior, principal fuente de divisas, de ella se alimentan los usureros externos y los grupos hegemónicos locales. Cuando menos consumamos e importemos y cuanto más exportemos, mas dinero habrá para ellos. En ese clima de restricción del mercado interno está de más la farándula menemista y su pro- norteamericanismo desfachatado. El nuevo modelo necesita una cultura dominante austera, gerencial, con métodos de control más precisos: En síntesis, un capitalismo serio, incluidas algunas modestas referencias keynesianas y una cierta autonomía (no mucha) con respecto de Estados Unidos. La elite dominante deja la ostentación para otro momento y rodea a un presidente del que nadie pueda sospechar inclinaciones al lifting ni a la ultima moda. Los actores, el libreto y el decorado cambian pero el teatro es el mismo. El sistema estructuralmente reconvertido acaba de recomponer su imagen.

El misterio progresista

En esta recomposición el progresismo cumple un papel clave. Muchos lo daban por muerto luego de su última aventura aliancista, pero ha renacido, aportando su buenos modales al nuevo gobierno. Uno de sus precursores, Jacobo Timerman, lo definía allá por los lejanos años 60, como una combinación de izquierdismo cultural y proimperialismo económico, para diferenciarlo del aquel otro progresismo moderadamente cercano a la izquierda, que se extinguió al desaparecer la guerra fría.

En realidad su entrada en el gran escenario ocurrió en 1983, de la mano de Alfonsin, facilitando el repliegue de la dictadura, con su famosa teoría de los dos demonios, y su posibilismo respetuoso de la configuración económica instalada desde 1976. Reapareció con el Frepaso y se reinstaló en el gobierno con De la Rua, detrás de un discurso que aceptaba el neoliberalismo como un hecho inmodificable agregándole prolijidad y humanismo. Parecía que el 20 de diciembre de 2001 había marcado su fin, pero ahora vuelve a la vida (y a los cargos oficiales).

Su presencia en tanto instrumento del sistema ha dependido siempre de dos ausencias. La ausencia de un consenso amplio en torno de la derecha (derivada del proceso de concentración de ingresos y de la corrupción de los elencos políticos tradicionales). Lo que hacía necesaria su actuación como fuerza de bloqueo, de contención burguesa del descontento de las clases medias. Y por otra parte la ausencia de un movimiento popular radicalizado capaz de unir a esa oposición potencial con la de las masas sumergidas. Parasitando sobre ambas debilidades, el progresismo reaparece una y otra vez en su rol de intermediario, de distribuidor de ilusiones. Nace de las turbulencias cuyo desarrollo termina por sepultarlo, para renacer una y otra vez, y volatilizarse luego de cada fracaso… para regresar más adelante como si nada hubiera ocurrido. Su apuesta central es a la falta de memoria, incentivada por la confusión del subdesarrollo. Se maravillaron con Alfonsin, escupieron sobre los demonios guerrilleros, recibieron (y reciben) generosos subsidios de la Fundación Ford, votaron por Angeloz (el mal menor, según ellos), y por De la Rua, y por Chacho Alvarez… ahora pululan en los despachos oficiales ofreciendo sus servicios…

La cuadratura del círculo

Hoy la progresía acompaña al gobierno de Kirchner, continuidad económica de Duhalde. ¿El éxito será duradero?. Muy probablemente no. Las inevitables peleas entre grupos económicos (exportadores, empresas privatizadas de servicios, bancos, acreedores externos, etc. ) por una masa limitada de ingresos (y divisas), el descontento de los de abajo sometidos a la miseria, las presiones del FMI y de Estados Unidos, la profundización de la crisis regional (que tocará severamente a Brasil); constituyen factores de desestabilización de un gobierno que ahora usa y abusa de la contradicciones pero que terminará siendo acorralado por ellas.

El embrollo es grande: darle la razón a las empresas privatizadas pero postergar un poco su manotazo tarifario a los bolsillos de los consumidores, aceptar las exigencias del FMI pero retardar su aplicación, escuchar a los piqueteros pero perpetuar el modelo económico duhaldista (con Lavagna incluido). Recomponer la Seguridad Social coexistiendo con los grupos financieros que la han saqueado, emprender grandes obras públicas sin endeudamiento externo ni recuperación de ingresos acaparados por la corporaciones. Dar a los pobres sin sacarle nada a los ricos.

Mariposear con la Unión Europea pero manteniendo relaciones cordiales con Estados Unidos, desarrollando el Mercosur y negociando el ALCA, todo al mismo tiempo.

Juego inicialmente astuto, pero finalmente ridículo. El pavo real está bien inflado y despliega sus plumas, se entretiene en un bosque donde no se ven lobos… por ahora…

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Nota:

(1) Desde mediados de los años 90, sobre todo después de la crisis asiática de 1997, los fondos especulativos (legales e ilegales) que fluían hacia la periferia comenzaron a reorientarse hacia colocaciones en los países centrales, principalmente los negocios bursátiles en Estados Unidos.