¡Good Morning Lenin !

Alemania, centro dominante de la Unión Europea, atraviesa crecientes dificultades económicas y políticas, la euforia de comienzos de los años 90 quedó atrás.



La “unificación alemana“ presentada como la expresión de la victoria definitiva de la economía de mercado, y el fracaso final del comunismo, se ha convertido en una acumulación de desilusiones, especialmente en el Este, la ex República Democrática Alemana, donde la desocupación se acerca al 20 % de la población económicamente activa, el doble que en el Oeste. Y donde el viejo bipartidismo, alternancia entre socialdemócratas y demócratas cristianos (con complementos verdes y liberales) se deteriora rápidamente.

Las últimas elecciones regionales en Brandeburgo y Sajonia, estados federales del Este expresaron no solo dicha degradación sino además el avance espectacular de los neocomunistas (el Partido del Socialismo Democrático) que quedaron como la segunda fuerza en ambos casos (con 28 % y 23 % de los votos respectivamente). La prensa occidental por lo general ocultó el hecho poniendo el énfasis en el avance de la extrema derecha (9% de los votos en Sajonia y 6% en Brandeburgo).

La caída de los dos grandes partidos tradicionales ya fue visible en las elecciones para el parlamento europeo a mediados de este año cuando el oficialismo, la socialdemocracia, obtuvo apenas el 21 % de los votos a nivel nacional, pero como la asistencia electoral fue muy baja (43 %) de hecho logró solo el 9 % del total del electorado. Los demócratas cristianos también retrocedieron, perdieron 1, 7 millones de votos con relación a la última elección europea.

Todo empezó en Madeburgo

Detrás de los últimos resultados electorales se encuentra el descontento de la población ante la derechización de la política económica del gobierno socialdemócrata respaldada en lo esencial por el resto de las fuerzas conservadoras. El detonante fue la introducción de una reforma laboral, conocida como Hartz IV, que entre otras medidas limita a un año el cobro del seguro de desempleo, tras lo cual se percibe una suerte de subsidio a la pobreza, en un país donde el crecimiento se desacelera y la desocupación aumenta, especialmente en el Este. Mientras tanto el gobierno eximía a los grandes consorcios del pago de impuestos y boqueaba la introducción del gravamen a la riqueza.

La protesta comenzó en Julio en la ciudad de Madeburgo, en Alemania oriental y se propagó por toda la región. A partir de ese momento cada lunes se desarrollaban movilizaciones abarcando más y más ciudades. Ningún alemán desconoce el carácter simbólico del día elegido; hace exactamente quince años, en 1989, las protestas de los lunes de la población del Este decidió la caída de la República Democratica Alemana. Ahora la bronca regresaba pero no contra la envejecida borocracia “socialista“, que desapareció hace tres lustros, sino en repudio al capitalismo que transformó a la población del Este en una masa se ciudadanos de segunda clase, discriminados, empobrecidos. Aunque el descontento no se redujo a la zona oriental, también en el Oeste las clases medias y bajas comienzan a sufrir los resultados negativos de la degradación económica.

Una vieja enfermedad

La raíz del problema la debemos buscar en Alemania Occidental donde ya en los años 1980 aparecieron los primeros síntomas de deterioro económico, la anexión posterior de Alemania del Este pereció marcar un gran salto hacia arriba, pero no fue así, por el contrario ese hecho exacerbó a mediano plazo las tendencias negativas.

La tasa de crecimiento de la productividad del trabajo fue descendiendo desde un promedio del 5 % anual en los años 60, hasta llegar al 1,5 % en los 90. Lo que causó una grave pérdida de competitividad internacional que provocó la persistente caída de la participación alemana en las exportaciones mundiales durante esa última década. La expansión de Alemania occidental hacia el este europeo significó muy poco ante las oportunidades perdidas en los mercados de Asia y Estados Unidos. Todo eso se tradujo en el aumento de la desocupación que al comenzar el nuevo milenio superaba las 4 millones de personas.

Una insistente propaganda originada en los círculos conservadores alemanes señala que la unificación perjudico a la República Federal ya que esta tuvo que subsidiar la transformación de la ex economía socialista, los hechos reales fueron muy diferentes, en realidad la Alemania del Este “subsidió” a la del Oeste a través de una gigantesca transferencia neta de riquezas en beneficio de empresas y grupos especulativos de esta última retardando así su crisis..

El saqueo del Este

El proceso de saqueo de Alemania Oriental fue orquestado por diversos mecanismos, entre ellos la “restitución” masiva de propiedades por lo general a ciudadanos de Alemania Occidental. Cerca de la mitad de la población oriental fue afectada en sus alojamientos principales, casas de campo, etc.

Entre “restituciones” y “privatizaciones” la mayor parte del patrimonio inmobiliario de la ex República Democrática Alemana pasó a manos de alemanes occidentales produciendo un “efecto riqueza” en la población del Oeste impulsando su consumo. Esto fue acompañado por una estrategia de desmantelamiento del tejido productivo de la ex RDA. La “Treuhand”, organismo encargado de administrar las empresas estatales de los territorios anexados, tuvo a su disposición unas 30 mil empresas (con 4 millones y medio de asalariados) cuya liquidación en medio de negocios turbios benefició a reducidos grupos del Oeste y dejó sin empleo a mas de tres millones de personas. .

Esta depredación realizada sobre la base de privatizaciones, desmantelamientos industriales y transferencias de propiedades inmobiliarias, permitió que empresas de la República Federal se apoderaran de los mercados de la ex RDA y de países de Europa del Este abastecidos tradicionalmente por esta última.

La caída de la demanda en el Este fue amortiguada con subsidios al desempleo que sostenían precariamente el consumo, en consecuencia las empresas del Oeste encontraban libre el terreno de competidores locales y se extendían a un mercado menor que el existente antes de la anexión pero que engrosaba la demanda alemana occidental.

Los subsidios fueron pagados con impuestos que afectaron a toda la población alemana aunque los mayores beneficios fueron a parar a las empresas, el resultado fue una mayor concentración de ingresos en ambas alemanias, exacerbada en el Este.

El balón de oxígeno que significó la anexión del Este no duró mucho y a fines de los años 90 Alemania comenzaba a estancarse.

“Good by Lenin !“ es un reciente film alemán (2003) dirigido por Wolfgang Becker, tuvo un enorme éxito de público y crítica en Occidente. Se trata de una tragicomedia que relata el fin del socialismo burocratizado en la ex RDA y los primeros pasos del “paraíso capitalista“. Como ahora sabemos la promesa de prosperidad fue una estafa, los alemanes del este no ingresaron en una era de bienestar sino en la decadencia de una economía atrapada por el parasitismo financiero global. Ahora han empezado a reaccionar contra el engaño, la despedida de Lenin no duró tanto, la izquierda está de regreso.